[TN] En la Argentina hay 146 mil niños, niñas y adolescentes con uno de sus padres preso

[TN] En la Argentina hay 146 mil niños, niñas y adolescentes con uno de sus padres preso

PUBLICACIÓN ORIGINAL: https://amp.tn.com.ar/policiales/en-la-argentina-hay-146-mil-ninos-ninas-y-adolescentes-con-uno-de-sus-padres-preso_1013600

Una investigación de la Procuración Penitenciaria de la Nación reveló que el 17% no está al tanto de que uno de sus papás está detenido. Un relevamiento de la Procuración Penitenciaria de la Nación estima que en el país hay unos 146 mil niños, niñas y adolescentes con al menos uno de sus padres preso. El estudio plantea que en la Argentina la población privada de la libertad y la cantidad de familiares de presos y presas aumenta cada año. En la actualidad, hay alrededor de 92 mil personas encarceladas, detalla la Procuración.
La investigación, que contó con la colaboración de la Asociación de Familiares de Detenidos (ACIFAD), la oficina Regional de Church World Service (CWS) para América Latina y el Caribe, y con el apoyo de UNICEF, se propuso indagar sobre el impacto de la cárcel en la vida de los hijos de los reclusos, mediante una encuesta y entrevista en profundidad.”A partir de la detención de uno de sus integrantes es frecuente que las familias se muden u opten por convivir con otras personas. Esto va asociado muchas veces al desmembramiento del núcleo familiar, razón por la cual, en ocasiones, los niños pasan a vivir con diferentes familiares cercanos, o incluso, en Hogares y otras instituciones estatales. A su vez, puede ocurrir que los hermanos sean separados para repartir responsabilidades de cuidado entre diferentes personas del entorno familiar”, señala el estudio.

“A la hora de analizar quién se hace responsable de los niños, niñas y adolescentes (NNA) una vez que sus progenitores son detenidos, se observan importantes diferencias según se trate del encarcelamiento de su padre o su madre. Mientras que la enorme mayoría de los varones presos señalan que sus hijos o hijas se encuentran a cargo de sus madres (84%), menos de un 20% de las mujeres detenidas indicó que los padres de sus hijos o hijas son los responsables de su cuidado y custodia (19%)”.”Algo similar sucede con los y las adolescentes de entre quince y diecisiete años, cuyos padres y madres mencionaron que no viven ni se encuentran a cargo de ningún familiar, por lo cual están solos. Mientras que solo el 5% de los hijos o hijas de padres presos están en esta situación, el porcentaje se duplica cuando la encarcelada es su madre”, detalla.

Crecer de golpe

Los hijos de los presos sufren las consecuencias del encierro en sus propias vidas. “Es muy frecuente que los y las NNA pasen a ocupar roles de cuidado de otras personas, desfasados respecto de sus momentos vitales. En este sentido, una situación que apareció con mucha frecuencia es la necesidad de hacerse cargo de sus hermanos menores. Muchos de los NNA dijeron que tuvieron que “crecer de golpe”. Como consecuencia, tuvieron que dejar sus actividades cotidianas, incluso la escuela“, destaca el informe con preocupación.Por otro lado, el 17% de las personas detenidas señalaron que sus hijos e hijas no sabían que ellos estaban presos y el 46% no visitan a sus progenitores. Como contracara, surge que el 54% de los niños y niñas alguna vez visitó a sus progenitores en prisión pero solo el 23% de los niños y niñas visitan con regularidad a su progenitor encarcelado.

“El 91% de las personas detenidas en cárceles del interior del país con familias asentadas en Buenos Aires, no recibe visitas de sus hijos e hijas. Esto significa que nueve de cada diez personas alojadas por fuera del Área Metropolitana de Buenos Aires deja de ver a sus hijos pequeños”, destaca el estudio.

[PÁGINA 12] Infancias atravesadas por el encierro

[PÁGINA 12] Infancias atravesadas por el encierro

PUBLICACIÓN ORIGINAL: 27 de noviembre, 2019 https://www.pagina12.com.ar/233459-infancias-atravesadas-por-el-encierro

Según un informe, en el 62 por ciento de los casos la persona detenida constituía el principal aporte económico del hogar.

Los datos duros muestran que en Argentina hay 92.000 personas presas, 500.000 personas que tienen un familiar en la cárcel y aproximadamente 150.000 niños, niñas y adolescentes que tienen un familiar privado de su libertad. Sin embargo, cómo el encarcelamiento atraviesa la vida de esas miles de familias, cómo se reconfiguran los vínculos afectivos, cómo afecta a los hijos tener a su madre o padre presos y cómo se ejerce el rol paterno o materno desde el encierro son sólo algunas de las preguntas que aún no tienen respuestas en las políticas de seguridad. Para explorar ese terreno, visibilizar las situaciones y proponer algunas vías de acción, la Procuración Penitenciaria de la Nación (PPN), junto con la Asociación Civil de Familiares de Detenidos (Acifad), la oficina Regional para América Latina y el Caribe de Church World Service (CWS) y el apoyo técnico y financiero de Unicef, encaró una investigación cuyos resultados presentó esta semana.

El estudio “Más allá de la prisión: Paternidades, maternidades e infancias atravesadas por el encierro” (informe completo )buscó responder estos interrogantes, entre otros, a través de las percepciones y experiencias de las personas privadas de su libertad y de sus familiares, a través de encuestas y entrevistas en profundidad. Para completar el panorama, también entrevistaron a funcionarios penitenciarios.

Andrea Triolo, subdirectora de la Dirección General de Protección de Derechos Humanos de la PPN y coordinadora del estudio, dijo a Página/12 que “el mérito del trabajo, único a nivel regional, es que incorpora los relatos de las tres voces, las personas presas, sus familias y sus hijos e hijas“.

Si bien muchas de las cuestiones que surgieron fueron advertidas en su momento por la Procuración, toman otra dimensión desde la óptica de las personas privadas de su libertad. “El informe busca visibilizar el impacto que tiene y cómo atraviesan esta situación las personas que tiene un familiar preso, en un contexto donde no hay política públicas pensadas para ese colectivo que es enorme y nunca estuvo en la agenda política”, explicó Triolo.

Y agregó que lo primero que sucede, el primer golpe, “es la soledad en la que queda envuelta la familia cuando uno de sus integrantes es privado de su libertadSin orientación, sin lugar a dónde recurrir. Un mundo nuevo en el que no saben cómo hacer, cómo contar la situación, cómo explicarle a un hijo que su mamá o su papá está preso, con quién hablarlo. Ausencia y soledad, es la primera marca” producto, en parte, “de la falta de articulación y las políticas fragmentadas de las instituciones para tener un abordaje integral que de soporte a las familias”.

El informe señala que la mayoría de las personas detenidas y sus familiares pertenecen a los sectores más pobres, por lo cual, las detenciones agravan la vulnerabilidad. “En el 62% de los casos la persona detenida constituía el principal aporte económico del hogar”. Además, “las visitas a las unidades carcelarias, la concurrencia periódica a los juzgados y defensorías; la necesidad de proveer a las PPL de los insumos básicos como vestimenta, elementos de higiene o comida, así como la permanente compra de tarjetas telefónicas  para sostener los vínculos, incrementan los gastos familiares.

En el caso de los niños, niñas y adolescentes, los allanamientos son, en muchos casos, la primera experiencia de violencia que deben afrontar. Después llega el momento de resolver al cuidado de quién quedan, y ahí el informe señala “importantes diferencias según se trate del encarcelamiento de su padre o su madre. Mientras que la enorme mayoría de los varones presos señalan que sus hijos/as se encuentran a cargo de sus madres (84%), menos de un 20% de las mujeres detenidas indicó que los padres de sus hijos/as son los responsables de su cuidado y custodia (19%)“. Algo similar sucede con los adolescentes “de entre quince y diecisiete años, cuyos padres y madres mencionaron que no viven ni se encuentran a cargo de ningún familiar, por lo cual están solos. Mientras que solo el 5% de los hijos o hijas de padres presos están en esta situación, el porcentaje se duplica cuando la encarcelada es su madre”.

Al respecto, Triolo sostuvo que buscaron impregnar con perspectiva de género el estudio e interpelar la voz del hombre, para que la mujer no quede en el rol estereotipado de las tareas de cuidado familiar.

Del relevamiento surge también que tras la detención del adulto, los NNA pasan “a ocupar roles de cuidado de otras personas, desfasados respecto de sus momentos vitales“, siendo la situación más común la de hacerse cargo de hermanos menores. Los relatos de los chicos en el estudio van desde el deseo e interés por sostener los vínculos con la persona detenida, a cómo tuvieron que reconfigurar sus vidas para hacerse cargo de hermanitos o el estigma escolar que implica la detención de un familiar.

“El objetivo fue visibilizar los obstáculos que conspiran contra el mantenimiento de los vínculos, algunos simples, como acondicionar el espacio de visitas, y el empoderamiento de la familia y la persona presa que despliegan estrategias frente a estas situaciones, que implican un plus de sufrimiento. Además de generar una serie de recomendaciones en las que trabajar, porque hay que entender que la persona a la que se mete presa tiene una historia, una familia, hijos, en los que la detención impacta“.

[UNSAM] Género y vida en la cárcel: ¿Quién visita a lxs detenidxs?

[UNSAM] Género y vida en la cárcel: ¿Quién visita a lxs detenidxs?

PUBLICACIÓN ORIGINAL: 3 de septiembre, 2019 http://noticias.unsam.edu.ar/2019/09/02/genero-y-vida-en-la-carcel-quien-visita-a-lxs-detenidxs/?fbclid=IwAR3FC7bD_JIRn3VXMZs94S8dse68iGd_3-s4Wq1KCW4x4SFwdX2eH8voabU

Referentes del territorio, familiares de detenidxs, autoridades del Centro Universitario San Martín y especialistas de la UNSAM debatieron sobre el acceso a derechos de las mujeres privadas de su libertad y sobre las problemáticas de las familias que visitan a lxs detenidxs.

El encuentro se hizo en el marco del Ciclo de Mesas de Coyuntura del Instituto de Altos Estudios Sociales (IDAES) de la UNSAM, que busca ampliar el debate sobre temas de actualidad más allá de la academia.

Durante la charla se habló de la vulneración de derechos de las personas detenidas en la Argentina, con foco en las experiencias de las mujeres y sus familias. “Cuando hablamos de cárcel, hablamos de vulneración de derechos”, dijo Inés Mancini, socióloga del IDAES. La especialista aseguró que “está demostrado estadísticamente que las mujeres detenidas están en una situación de vulnerabilidad mayor” y destacó que, en muchos casos, el ingreso de las mujeres a la cárcel “invisibiliza una situación de abuso previo o de violencia de género”.

La forma en que la detención de un familiar afecta a las mujeres es, también, una situación de vulneración de derechos que en muy pocas ocasiones se percibe. “Cuando analizamos la cárcel, solo pensamos en las personas que están detenidas”, señaló Andrea Casamento, integrante de la Asociación de Detenidos en Cárceles Federales. “Es muy difícil ver a las familiares que las transitamos y las sostenemos”, dijo. Pero ese sostén no es meramente simbólico, sino también material. “Las familiares servimos, cuidamos, acompañamos y mantenemos vivas a las personas privadas de su libertad. Algo que también se expande a cuestiones legales y procesales: para pedir una salida transitoria hacen una evaluación que incluye los vínculos familiares. Por ejemplo, si un/a interno/a no tiene visitas, ya tiene menos concepto. Y ¿quién tiene que ir a visitarlx? Nosotras”, denunció Casamento.

Quienes van a las cárceles a visitar detenidxs son mujeres. A esto, Mancini añadió: “En las relaciones que se tejen alrededor del sistema penitenciario, se replican las relaciones de cuidado que suelen percibirse como generalidad en el ámbito social. Las sociedades se reproducen porque alguien —en general, una mujer—, toma a su cargo tareas de cuidado que están en el terreno de lo privado, de lo afectivo”, dijo al respecto la socióloga. Y remarcó que “en la cárcel también hay tareas de cuidado que hacen a la reproducción, y que son atravesadas por las mismas desigualdades de género, agravadas por el sistema carcelario”.

Hay otro aspecto de disparidad que tiene que ver con cómo se tejen los vínculos familiares de las mujeres detenidas. En este sentido, Nancy Salvatierra, integrante del Área de Articulación Territorial de la UNSAM y coordinadora de talleres de teatro en cárceles, dijo que “las mujeres detenidas están solas” y relató: “Las mujeres van a la cárcel a visitar a sus hombres, no visitan a sus hijas o a sus madres. En la visita para hombres van a ver colas de mujeres cargadas con niños, pero la cola de visita de mujeres no existe, no hay nadie”.

Por su parte, Natalia Ojeda, directora del Centro Universitario San Martín (CUSAM), participó de la actividad en representación de la Mesa de Trabajo de Revisión del Plan Director de la Política Penitenciaria Argentina. Esta iniciativa, coordinada por Ojeda junto con la docente e investigadora del IDAES Andrea Lombraña, busca repensar el funcionamiento del sistema penitenciario argentino en conjunto con el personal superior retirado del Servicio Penitenciario Federal. “Toda gestión hay que hacerla en conjunto con las fuerzas. No hay forma de cambiar o transformar algo sin involucrarlas”, dijo Ojeda, quien subrayó que “el tema no es contra las y los agentes penitenciarios. El trabajador penitenciario tiene un trabajo muy difícil”. En la misma dirección, Casamento opinó que “la gente que trabaja en la cárcel está casi tan mal como los presos”. La representante de familiares de detenidos señaló la necesidad de una discusión profunda sobre el rol de la cárcel: “Tenemos que exigir políticas públicas en todas las áreas  —salud, educación, trabajo—, que contemplen la realidad de las personas privadas de la libertad. Si no, vamos a seguir pensando la cárcel como un lugar aislado del planeta”, concluyó.

De la actividad participaron representantes del territorio, docentes y talleristas de complejos carcelarios pertenecientes al Servicio Penitenciario Bonaerense. Moderó María de las Nieves Puglia, de la Dirección de Género y Diversidad Sexual de la UNSAM, y presentó Luciana Anapios, secretaria de Relaciones Institucionales del IDAES.

[Clarín] Andrea, la líder que transformó su experiencia en las cárceles en una Asociación

[Clarín] Andrea, la líder que transformó su experiencia en las cárceles en una Asociación

PUBLICACIÓN ORIGINAL: https://www.clarin.com/sociedad/andrea-lider-transformo-experiencia-carceles-asociacion_0_2_6q_Z9T.html

Andrea Casamento es la líder de ACIFAD, una organización que acompaña y asesora a los familiares de personas detenidas. Un espacio de contención y de ayuda para quienes se sienten desamparados frente al mundo de la cárcel. Su labor fue reconocida por Premio Abanderados, ciclo que destaca a líderes sociales que son ejemplos de solidaridad (…)

Hace 15 años su vida dio un giro inesperado. De la noche a la mañana se enfrentó a un mundo totalmente desconocido, sin darse cuenta se vio rodeada de palabras hasta entonces ajena: sentencia, prisión, abogados, jueces…

Una noche su hijo estaba con amigos en Palermo, cuando la policía se lo llevó preso por error al Complejo Penitenciario de Ezeiza. Lo confundieron con otra persona que había robado 4 empanadas y, desde ese pequeño instante, se enfrentó al sistema judicial, los prejuicios y el trato social que reciben los familiares de los detenidas.Newsletters ClarínLo más leído del día

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En ese entonces, Andrea no encontraba un espacio en donde pudieran contenerla o guiarla. “Te acostumbrás a que un día te digan una cosa, mañana otra, no tenes herramientas de cómo defenderte, y no sabés a qué oficina ir a pedir ayuda”, cuenta Andrea Casamento, quién fundó la Asociación Familiares de Detenidos de Cárceles Federales (ACIFAD), con el objetivo de llenar ese vacío tan necesario.

“Lloramos mucho durante dos años”, relata la Abanderada, pero en el 2008 decidió ponerle fin a ese sufrimiento y hacerle frente a su problema. Junto a otras mujeres que estaban pasando por lo mismo, crearon la fundación para acompañar y promover los derechos de familiares de personas privadas de su libertad, fomentando las soluciones colectivas y las acciones de incidencia a partir del trabajo en red.

Andrea Casamento.

Andrea Casamento.

La unión hace la fuerza

Según la fundación, hay más de 85 mil personas privadas de su libertad en el país, lo que implica cerca de medio millón de personas con un familiar directo preso y muchos de ellos, niños y adolescentes, con un desarrollo de vida distinto marcado por las circunstancias familiares que deben atravesar.

Todos los martes a las 5 de la tarde suena el timbre en la sede de ACIFAD en pleno centro porteño. Allí se juntan los familiares de detenidos a contar lo que les pasa y lo que sienten, acompañados por un equipo de profesionales voluntarios. “En ese encuentro, los problemas dejan de ser individuales y pasan a ser un poco más colectivos”, explica Belén García, psicóloga de la organización.

Andrea Casamento, Abanderada de la Argentina Solidaria 2019.

Andrea Casamento, Abanderada de la Argentina Solidaria 2019.

En los últimos diez años, más de 10.000 personas recibieron asesoramiento y acompañamiento y más de 2.000 han participado en los grupos de apoyo en Buenos Aires. Andrea recibe consultas por teléfono las 24 horas del día provenientes de personas detenidas y/o familiares que necesitan ayuda, y les proveen una red de recursos útiles para resolver sus inquietudes.

La asociación está compuesta por un equipo multidisciplinario de psicólogos, sociólogos, antropólogos y profesores de educación física, entre otras disciplinas.

Vivir marcada por la cárcel

Kelly acababa de recibir la noticia de que su marido había sido detenido, “estaba desesperada, me encontré sin ayuda, no sabía qué hacer”, cuenta. Hasta que conoció ACIFAD, “allí encontré una contención grande, una familia”. La fundación es el respiro que estas personas necesitan, y Andrea afirma que “cuando ves que esto se comparte con otras, te hace fuerte, te hace distinta”.

Andrea Casamento, Abanderada de la Argentina Solidaria 2019.

Andrea Casamento, Abanderada de la Argentina Solidaria 2019.

A través de la cárcel, Andrea entendió que nadie más debería pasar ese momento solo. Supo ponerse en el lugar de todas esas personas, mayoritariamente mujeres, que de pronto tienen “un trabajo doble: mantener la casa y llevar alimento a la persona presa; hacer los trámites judiciales; sostener a la familia que queda afuera y a quien está adentro, sos el nexo entre los dos mundos”.

Su deseo es “que la cárcel impacte en las vidas con el menor daño posible, garantizar que todos podamos tener una vida normal”. Y como buena luchadora, sostiene que lo que no te mata te fortalece, “tenemos que tomar las circunstancias adversas que nos tocan atravesar, y transformarlas en una oportunidad”.

Andrea Casamento, Abanderada de la Argentina Solidaria 2019.

Andrea Casamento, Abanderada de la Argentina Solidaria 2019.

Premio Abanderados de la Argentina Solidaria

Desde hace 10 años, el Premio Abanderados de la Argentina Solidaria, impulsado por El Trece, Fundación Noble y Luz Libre Contenidos, reconoce y difunde las historias de las personas que dedican su vida a transformar la de los demás.

Con esta nueva edición, ya se destacaron 88 Abanderados de distintas partes del país que son un ejemplo de solidaridad. Las historias de los Abanderados 2019 serán difundidas por la pantalla del Trece y redes sociales, y luego el público podrá votar al Abanderado del Año.

Más información: www.premioabanderados.com.ar TW: @AbanderadosARG FB: /PremioAbanderados IG: @abanderados

[Infobae] “Mi hijo estuvo detenido por error: en la cárcel me enamoré de un hombre preso”

[Infobae] “Mi hijo estuvo detenido por error: en la cárcel me enamoré de un hombre preso”

PUBLICACIÓN ORIGINAL: 5 de noviembre de 2017 https://www.infobae.com/sociedad/2017/11/05/mi-hijo-estuvo-detenido-por-error-en-la-carcel-me-enamore-de-un-hombre-preso/

Tres días antes de la detención de su hijo, Andrea fue al almacén y compró velas. Era abril de 2004, acababan de secuestrar y asesinar a Axel Blumberg y ella -que era viuda y madre de tres chicos- había decidido participar de lo que terminó siendo una marcha masiva para exigir seguridad. Después, firmó un petitorio en el que adhería, entre otros puntos, al pedido de penas más largas y duras para los delincuentes.

“Cuando detuvieron a mi hijo y lo llevaron al penal de Ezeiza, lo único que yo sabía de la cárcel era lo que había visto en Tumberos”, cuenta Andrea Casamento (53) a Infobae. Esa noche, Andrea llegó a la comisaría creyendo que Juan, su hijo mayor, había tenido un accidente o que lo habían secuestrado y no se lo habían querido contar por teléfono. Pero Juan, que tenía 18 años y acababa de terminar el secundario, estaba detenido e incomunicado.

Ahora, a los 53 años, Andrea preside una asociación de familias de detenidos (Martín Rosenzveig).
Ahora, a los 53 años, Andrea preside una asociación de familias de detenidos (Martín Rosenzveig).

Unas horas antes, Juan había salido de un bar en Plaza Serrano junto a una compañera del colegio, de 17 años. Estaban por subir a un taxi cuando un hombre entró al mismo bar con un cuchillo Tramontina, amenazó a los mozos y robó cuatro empanadas. Alguien gritó “¡Me están robando!” y un policía de civil que estaba en el kiosco de la esquina creyó que Juan y su amiga eran los ladrones y estaban intentando escapar en taxi. Como el robo había sido en un bar lleno de gente y creían que el ladrón que había escapado estaba con ellos, los acusaron de “robo en poblado y en banda”.

En Tribunales, se enteró de que la adolescente iba a ser trasladada a un Instituto de menores y su hijo, al penal de máxima seguridad de Ezeiza. “Me volví loca. Pensaba que iba a ser como en las películas, que se paga una fianza y volvés a tu casa, pero no. Exigí hablar con el juez, le dije que nosotros éramos una familia de bien, que yo había sido la mujer de un médico, que éramos trabajadores, no como ‘esos’ que salen a robar. En esa época yo tenía todos los prejuicios”.

El juez le contestó: “Mire señora, yo no quiero una marcha contra la inseguridad acá en la puerta y no quiero salir en los diarios por haber soltado a un delincuente. Hasta no estar seguro, no lo voy a liberar”. Andrea miró por la ventana del despacho: se vio, tres días antes, marchando con la vela blanca en la mano.

En Tribunales también esperaba la madre de la chica: “El defensor oficial que le tocó le dijo que si su hija le echaba la culpa al mío, se iba a casa. Por suerte no lo hizo, ella también le decía que era un error”. Andrea persiguió en auto la camioneta del Servicio Penitenciario Federal en la que trasladaron a Juan. Ese día pasó a formar parte de “las mujeres de la fila” -madres y esposas de presos- y tuvo que aprender, aceleradamente, las nuevas reglas y códigos que iban a regir su vida.

Supo que no podía llevarle a su hijo ropa oscura, camuflada ni remeras sin mangas. Que ya no podía cocinarle comida rellena: ni ravioles, ni facturas ni tortas. Que, a partir de ese momento, iba a tener que desnudarse en las requisas para visitarlo. “No me importaba nada, sólo necesitaba verlo. ¿Viste que cuando nace tu hijo lo mirás todo, a ver si tiene los deditos, las uñas? Bueno, yo lo miraba de arriba abajo, como a un recién nacido. Creía que si lo lastimaban, no me lo iba a decir”.

Andrea empezó a ir al penal incluso los días en que las visitas no estaban permitidas. Cuando le decían “señora, usted sabe que hoy no se puede”, ella les contestaba: “Cuando ustedes saquen a mi hijo en un bolsa negra, su mamá va a estar acá. Una locura -dice ahora, 13 años después-pero era horrible. Sentía que me lo habían arrancado de las entrañas, que me lo habían secuestrado”. Juan la llamaba todos los días. Hasta que un día, no llamó.

“Pensé que lo habían matado. Fui a la cárcel y me contestaron ‘es un preso, vaya a averiguar al juzgado’, pero los juzgados cierran al mediodía. Me temblaba todo el cuerpo y no tenía a quién preguntarle si mi hijo estaba vivo”. La idea que se lo ocurrió modificó, otra vez, el curso de su vida. 

Andrea llamó a un amigo que tenía un hermano preso, aunque en otro módulo. Le rogó que hablara con él y le pidiera que rastreara a Juan. Desde “el adentro”, Alejo investigó y la llamó: le habían querido robar las zapatillas, había tenido una pelea y lo habían metido en un “buzón”, que es una celda de castigo.

“Hasta ese momento, yo sólo firmaba boletines, nunca había firmado un acta judicial. ¿Cómo iba a saber lo que era un buzón?”. Alejo -que estaba cumpliendo una condena de 16 años por haber robado y reincidido- comenzó a llamarla todos los días: “Yo le pedía consejos y él me decía: ‘Llevale una manta y decile que, siempre que baje al patio, tenga la manta mojada. Si alguien lo quiere apuñalar, la manta mojada tiene más peso para defenderse’. Y yo, que le había enseñado a andar en bicicleta con rueditas, de repente me vi cortando mi colcha Palette al medio, porque una de dos plazas no te dejan entrar”.

Alejo siguió llamando: cuando Andrea lloraba, le pedía que fuera a Parque Centenario y se comprara un libro. Andrea lo hacía y le leía por teléfono. Cuando le preguntó cómo podía agradecerle por haberla ayudado con Juan, él le contó que hacía dos años que no veía a su hija. Andrea fue a hablar con su ex mujer, Alejo volvió a ver a la nena. Cuando él le propuso que se conocieran personalmente, Andrea dudó: “Ya me había dado cuenta de que me pasaba algo con él, sabía que si iba me iba a meter en problemas”. A Alejo le faltaban cumplir 12 años de condena.

Cuando Juan llevaba seis meses en prisión preventiva, se fijó fecha para el juicio. “Lo tuve a Alejo del otro lado del teléfono durante todo el juicio. Le iba diciendo ‘ahora van a un cuarto intermedio’, ahora tal cosa. Y él me iba explicando qué significaba”. A Juan lo absolvieron y quedó libre. La fiscal apeló, aunque no tuvo éxito: “Es muy loco. Son empleados judiciales, tendrían que estar ocupándose de cosas serias. Todo eso se hace con dinero público”.

Cuando el juicio terminó, Alejo llamó desde el penal: “Bueno, nos acompañamos hasta acá. Que seas muy feliz”, le dijo. Pero Andrea siguió yendo a verlo, a veces dos, a veces tres veces por semana. “Hasta que un día, como un año después, dijimos ‘¿Y si nos casamos?’. Como ella había sido catequista, él organizó una boda por iglesia en la cárcel.

“Cuando salí, había una señora esperándome, de las que siempre estábamos en la fila. Le dije: ‘¿Qué hacés acá? Si hoy no es día de visita’. Y me contestó: “Te estaba esperando, yo sé lo que es casarse y volver a casa sola”. No había nadie más porque la madre y la hermana de Andrea pensaban que casarse con un preso era una locura. Al poco tiempo, Andrea quedó embarazada.

En la charla TED que dio la semana pasada en Tecnópolis frente a 10.000 personas.
En la charla TED que dio la semana pasada en Tecnópolis frente a 10.000 personas.

Joaquín nació en el Hospital Durand. A Alejo lo llevaron a conocerlo y le sacaron las esposas durante unos minutos para que pudiera alzarlo. “La verdad, no buscamos un hijo de manera directa pero con el tiempo entendí que de alguna forma yo necesitaba mostrar que ahí adentro había vida”, reflexiona ahora.

Decirle dónde estaba su padre y por qué no vivía con ellos, no fue fácil: “Como era tan difícil explicárselo, yo no le explicaba nada”. Pero cuando Joaquín iba a primer grado, la maestra la citó y le dijo que a su hijo le iba mal en la escuela porque había “una verdad no dicha”. Andrea decidió contarle que su papá estaba preso: cuando el nene preguntó por qué, fue Alejo -que llamaba todos los días a la hora en que su hijo volvía del colegio- quién le contó la verdad.

La suma de todo lo que Andrea no supo hacer, la llevó a fundar la Asociación Familiares de Detenidos en Cárceles Federales (ACIFaD), por la que ya pasaron más de 10.000 familiares. En la ONG trabajan profesionales de distintas ramas con la idea de abordar el tema desde distintos ángulos: qué pasa con la Justicia, el trato en las celdas, qué les pasa a las mujeres de la fila, qué les pasa a los hijos en “el afuera”. De eso habló en una charla que dio la semana pasada en “TED x Río de la Plata” ante 10.000 personas.

Junto a otros 10 países, empezaron a investigar cuántos niños y adolescentes tienen padres encarcelados (según una encuesta de la UCA habría unos 150.000). El objetivo es pensar cómo mitigar el impacto yevitar que sufran el estigma de ser “el hijo de” y les hagan bullying. Cómo, además, fortalecerlos y darles las respuestas que necesitan. Con ese fin, hicieron un documental, comenzaron una actividad en las cárceles -se llama “Jugando con papá”- y empezaron a trabajar el tema en Ciudad Oculta bajo un título: “El secreto”.

A fin del año que viene, Alejo quedará en libertad. “Ser la mujer de un preso es fácil porque vos sos todo: sos la que va a verlo, la que le cocina, la que lo quiere en esas condiciones. La verdad, no sé si va a funcionar en ‘el afuera’ -cierra ella-. Pero si hay algo que aprendimos las mujeres de la fila es el desapego. Yo sé que tal vez no funcionemos como pareja en lo cotidiano pero también sé que hay alguien maravilloso e incondicional en nuestras vidas, y que eso sí es para siempre”.

ACIFaD fue elegido por Premio Abanderados 2019 y este es el video que nos hicieron

ACIFaD fue elegido por Premio Abanderados 2019 y este es el video que nos hicieron

Entre más de 750 candidatos de todo el país, un jurado de honor integrado por representantes del mundo académico, empresario, religioso y cultural y asesorado por Ashoka Argentina eligió a 8 Abanderados de 2019, y Andrea Casamento, cofundadora y directora de ACIFaD fue una de ellos. Abanderados es un premio anual que reconoce a aquellos argentinos que se destacan por su dedicación a los demás, y difunde sus vidas para que su ejemplo inspire al resto de la sociedad. Se realiza desde 2010 y se transmite por Canal 13.

Entre los 8 elegidos, las iniciativas tienen base en Buenos Aires, Jujuy, Chaco, Río Negro, Córdoba y Entre Ríos, y muchas de las actividades de los Abanderados se replican en otras regiones del país. Podés conocer a todos en esta página.